LA CONSTRUCCIÓN DE LA NARCOCULTURA A PARTIR DE LA FICCIÓN
Ivon Yadira Sanchez Sanchez
La aparición del narcotráfico en México y específicamente en el estado de Sinaloa trajo una fuerte dinámica cultural a través de discursos que engloban temas de narcotráfico, como: la distribución, la violencia, el prestigio social y las grandes cantidades de dinero que se obtiene; todo esto, reproducido a través de narcoseries (series televisivas), narcocorridos, películas y narconarrativas (narrativas literarias) que incluyen elementos simbólicos, los cuales construyen imaginarios y anhelos sociales sobre el estilo de vida, valores y comportamientos de los participantes en el narcotráfico (Sanchez, 2009). Estas producciones plantean hechos reales en forma de ficción, es decir, se basan en investigaciones y fuentes confiables, pero no reproducen las situaciones originales, como es la excesiva violencia que conlleva formar parte del narcotráfico.
Por lo tanto, los elementos de ficción que se presentan no son mentiras sino realidades posibles, identificables con hechos existentes, pero con cambios que las diferencian del mundo real (Sanchez, 2009). De esa forma, esta investigación pretende indagar sobre los distintos elementos que muestran ficción para afirmar que lo ficticio funciona de manera intencional: combina elementos reales e imaginarios, lo cual incluye el empleo de simbolismos “no sólo para ‘expresarse’ sino para ‘existir’ de esta forma lo ficticio y real funcionan como constructores de la narcocultura. Las formas simbólicas que implica la narcocultura, es la generación de expectativas de vida, la búsqueda del placer y prestigio social, así como el bienestar en todos los aspectos de la vida.
El origen de la narcocultura puede remontarse al momento en que México se incorpora a las redes globales de comercio de estupefacientes a partir de la década de 1990 como una visión del mundo que contiene todos los componentes simbólicos que definen a una cultura: valores, sistema de creencias, normas, definiciones, usos y costumbres, y demás formas tangibles e intangibles de significación y a la vez se han apoderado del imaginario colectivo de gran parte de la población rural (Sanchez, 2009: Gallino, 2001).
La narcocultura tiene un universo simbólico particular: un sistema de valores a partir de la premisa del honor, valentía, lealtad familiar y de grupo, protección, venganza, generosidad, hospitalidad, nobleza y prestigio; formas de regulación interna; un consumo específico como el uso de la cocaína o la adquisición de joyería; manejo de claves como estrategia de clandestinidad; modelos de comportamiento caracterizados por un exacerbado "anhelo de poder",
En la narcocultura como en otras culturas existen figuras emblemáticas, entre los narcotraficantes más famosos y representativos por su gran expansión de venta, son: Amado Carrillo Fuentes, Rafael Caro Quintero y él Chapo" Guzmán. Quienes lograron construir un imaginario colectivo que aceptaba sus actos delictivos, por motivo a la generosidad a través de la construcción de escuelas y otros servicios públicos, como hospitales que beneficiaran a la población de los pueblos. Sin embargo, estos personajes no solo se representaban por si mismos, sino que también necesitaban una familia con quién compartir las riquezas, para esto, nacen las familias más legendarias en la historia que monopolizaron el comercio hasta finales de los noventa y algunas que perduran en la actualidad: "los Félix Gallardo, los Caro Quintero, los Fonseca Carrillo, los Palma, los Carrillo Fuentes, los Guzmán, los Arellano Félix, los zambada" (Sanchez, 2009:Cervantes, 2002:223); todas estas familias son ampliamente reconocidas e identificadas en Sinaloa por su poder, su dinero, su control en las esferas políticas y por la brutalidad contra sus adversarios en el negocio del contrabando y con el peso del apellido del jefe y líder de familia, en este caso son exclusivamente varones. De modo que la masculinidad en el narcotráfico esta reproducida en la imagen de hombres machistas y violentos; la exposición de la hombría a través de símbolos como: armas, poder económico, placeres y autoridad, la reproducción del modelo hegemónico masculino empoderado.
Por lo tanto, y hasta ahora tenemos, que la narcocultura se ha apropiado del espacio social y simbólico a partir de la ficción, reproducida en:
· La existencia de un santo de los narcos como Jesús Malverde, personaje que ejemplifica la rebeldía contra la dictadura porfirista y los cacicazgos locales. Además de ser usar la frase “robar a los ricos para dárselo a los pobres”, entonces Malverde se fue apoderando del imaginario colectivo de grupos, siempre, en carácter de estigma y devaluación cultural (Sanchez, 2009).
· La música, como los corridos que crea y recrea las visiones éticas y épicas de este grupo, se han convertido en signo de identidad y expresión emblemática de los colectivos e individuos insertados en la mafia y de los aspirantes a ella. Los narcocorridos han ido evolucionando a través del tiempo, de manera que, en principio eran una forma de resistencia frente al poder del Estado y exaltaban su representación de valiente burlador de la autoridad, habilidoso y transgresor de la ley, sin embargo, a partir de los ochenta cuando "se desvanece por completo en los corridos de los narcotraficantes el sociograma del valiente para dar lugar a la tematización directa del contrabando de narcóticos (Sanchez, 2009: Héau y Giménez, 2004:651).
· Narcoseries, específicamente y por ejemplo en la serie monopolica actualmente, como: Narcos México, expone el origen del narcotráfico, el tráfico de drogas como empresa ilegal, las pugnas por el poder y la riqueza, y la imbricación de la vida y la muerte, y la complicidad del gobierno en la consolidación del crimen organizado en México (Becerra, 2019). Entonces las narcoseries cuyos contenidos integran representaciones sobre el narcotráfico mediante códigos o conjuntos de signos cuya interpretación está vinculada a los referentes sobre el narcotráfico que los creadores determinan, e incluyen la manera de entenderlo y posicionarse ante él, es decir, la narcoserie se podría interpretar como una narrativa moral entre el bien y el mal, el policía y el criminal, que al final son las dos caras de la misma moneda (Becerra, 2019). Además se identificó que desde el 2000 hasta el 2018 se han difundido al menos 44 narcoseries, de las cuales más del 50% se han originado en Colombia y la mayoría se desarrolla principalmente en contextos colombianos y mexicanos (Becerra, 2019).
Finalmente y en base a Sanchez, 2019: Bergger y Luckman podemos afirmar que esta narco cultura fue capaz de lograr una reconstrucción social de la realidad a través de la ficción y que ha inspirado estilos de vida riesgosos, pero legítimos, para sobrevivir y lograr reconocimiento social, así como del imaginario de “ser alguien en la vida” como un asunto que se puede lograr sin necesidad de años de esfuerzo en una escuela o trabajo legal y/o formal. Desafortunadamente esta narcocultura ha pasado por procesos de institucionalización para la rápida aceptación por parte de la población.
Referencias:
Becerra, A. (2019), REPRESENTACIONES DE LA NARCOCULTURA EN NARCOS en Revista de pensamiento crítico y estudios literarios latinoamericanos, vol. 20. Ubicado en: https://revistes.uab.cat/mitologias/article/view/v20-becerra/637-pdf-es
Sanchez, J. (2009), Procesos de institucionalización de la narcocultura en Frontera norte, 21 (41), ubicado en: http://www.scielo.org.mx/scielo.php?pid=S0187-73722009000100004&script=sci_arttext&tlng=pt
LAS FIGURAS DEL NARCO: LA REALIDAD DETRÁS DE LA FICCIÓN
Por César
Por César
Series, películas y novelas por doquier haciendo alusión a un fenómeno social de gran problemática en américa latina, el Narcotráfico.
Estos formatos muestran una imagen idealizada heroica de aquél que se integra al Narco, lo que además supone un estilo de vida lleno de lujos y posesiones.
Esta idea de los bienes materiales y hazañas heroicas es una forma de ficción que se ha popularizado hasta constituir una nueva forma de realidad a la que ciudadanos sumergidos en la pobreza, la miseria y la ignorancia cultural aspiran.
Pero ¿qué tanto estas imágenes son realidad y que tanto son ficción?
Para empezar está idealizado y completamente relacionado a tal actividad delictiva, la posesión de bienes materiales que no se podrían conseguir de otra manera, o al menos esa es la perspectiva construida. Fincas enormes con un sin fin de cantidad de habitaciones llenas de lujos, obras de arte, piscinas, campos de golf y un sin fin de hectáreas disponibles.
Autos de lujo con valores de millones de pesos estacionados en el garage.
Cantidad de mujeres dispuestas a compartir al jefe sin recelo, cuerpos voluptuosos, disponibles a tener siempre relaciones sexuales sin rechistar.
Paseos indiscriminados por plazas llenas de artículos de lujo por los que no tienen que preocuparse porque no les alcance para comprar.
Vidas en público donde toda la gente te muestra respeto y cariño.
Poder conferido por el simple hecho de pertenecer al crimen organizado.
Todo esto se ha convertido en una realidad a la que aspiran cada vez más personas, quienes no cuestionan las actividades que se encuentran de fondo.
El crimen organizado y el narcotráfico está idealizado desde una óptica positiva que no toma en cuenta o no muestra el otro lado de la realidad.
El consumo de sustancias psicotrópicas trae consecuencias graves a la salud del individuo, las sustancias tienen propiedades adictivas tal que vuelven difícil controlar su consumo. El 76% de muertes ocasionadas por sobredosis está relacionada al uso de opiáceos según cifras del Informe Mundial de Drogas publicado en junio de 2018 por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC).
El 75% de las muertes en México están ligadas al narcotráfico según datos recabados por la ONG en el 2017. Entre las causas se encuentra la disputa de rutas de tráfico entre bandas delictivas, trata de personas, cultivo de estupefacientes, narcomenudeo, extorsión, secuestro, entre otras.
La epidemia de estos delitos en México se ha extendido a todo el país.
Aquí ya vemos la otra cara del asunto de tener poder, dinero, y una posición en el crimen organizado, el dolor no afecta únicamente a quienes pertenecen al crimen organizado, en todo sentido afecta a todos los habitantes del país. Desaparecidos, asesinatos, adictos, entre otros.
Si bien la vida de lujos rodea a personas asociadas al narcotráfico ésta no es de alcance exclusivo para todo aquél que pertenece a tales organización delictivas. Muchos de los lujos se remiten únicamente a las personas más importantes en cuanto a posición se refiere dentro de las organizaciones criminales. El simple hecho de pertenecer a alguna organización no garantiza comer en restaurantes exclusivos, conciertos privados, autos de lujo y joyas.
Las series y novelas relacionadas al tema muestra únicamente al”jefe” como protagonista, una posición que no se alcanza fácilmente ni debería aspirar a conseguir por su ilegalidad y todo lo que confiere el buscar alcanzar.
El hecho de pertenecer al crimen organizado no garantiza que podrás andar libremente en la vía pública, si bien algunas de las figuras sí se muestran aparentemente en tranquilidad transitando por la vía pública lo hacen con cierta discreción y acompañamiento, no andan 100% libres pues van acompañados por varios guardaespaldas quienes además portan armas de grueso calibre. No hay tranquilidad en aquél que necesita resguardo.
Si bien algunas figuras del crimen se han ganado el “corazón” de la gente.también han causado descontento en las comunidades. El respeto atribuido al Narco no se gana en base a otra cosa que no sea el miedo. Comunidades alejadas de las grandes urbes se enfrentan día con día a desapariciones forzadas, extorsiones, tiroteos, a miedo principalmente. Comunidades donde la ley es de los que controlan la zona más que del Estado.
Si bien hay comunidades que alegan haber sido ayudadas por el Narco, esta ayuda siempre viene del dolor de otros, el gozo de unos cuantos viene a costa del sufrimiento de varios miles.
Los cabecillas del Narco no son Robin Hoods que toman de los poderosos e injustos para dar a los pobres.
No todo el que se une al narcotráfico lo hace por decisión propia, la idea de que la ciudadanía se une a las filas del narcotráfico porque es ésta la única manera de sobrevivir en una comunidad azotado por la pobreza no es del todo cIerta.
Por poner un ejemplo, en Tlapa Guerrero el narcotráfico desaparece a niños y jóvenes para obligarlos a unirse a sus filas. Testimonios de madres que afirman que sus hijos fueron contactados vía redes sociales a quienes se les enganchó con la promesa de trabajar como guardia de seguridad y una vez que fueron a su primer entrevista regresaron únicamente por cosas personales para ya no volver ni establecer contacto alguno con sus familiares.
También está visión del hombre como podría estar creando nuevos estándares e incluso afirmando las ya concebidas formas de masculinidad. La figura del macho, hosco, mujeriego, poderoso, insensible, rudo, que tanto ha afectado las interacciones a nivel familiar, social y cultural. En un país donde las formas de masculinidad deben ser recreadas por el hecho de que las viejas están creando problemáticas en cuestiones de la interacción defendidas sobre todo en inseguridad, el revivir la imagen masculina que está afectando tanto al país no tiene razón de ser.
La violencia además está repercutiendo en la ciudadanía, sobre todo en aquellos que son testigos de tal violencia o incluso se ven afectados por ella. Tan sólo en los jóvenes algunos estudios sugieren una comparación entre los traumas psicológicos que estos muestran con los que muestran los soldados que regresan del campo de batalla.
Las cifras de jóvenes que presentan tales secuelas son imposibles de calcular por el simple hecho de que muchas de las víctimas no cuentan su experiencia por temor a que su revelación llegue a oídos de aquellos que les amenazan.
Cuando aquellos que han sufrido directa o indirectamente la violencia no reciben ayuda pueden pasar de víctimas victimarios. De no atenderse el problema lejos de erradicarse, éste se volverá aún más grande.
Pero toda esta otra cara del narcotráfico no se muestra en televisión, en cambio solo la parte buena de tal actividad criminal. Esto está ocasionando que esta ficción heroica pase a ser la realidad a la que aún algunos ingenuamente aspiran. No sólo eso, está reforzando masculinidades dañinas para la comunidad sobre todo en materia de seguridad nacional.
Es importante atender el problema del narcotráfico en México pues es algo que no ha mermado sus fuerzas, al contrario, está cobrando cada vez más. La epidemia está extendiéndose a todo el país, alcanzando distintas comunidades.
REFERENCIAS
2014. “Los Efectos Negativos Del Narcotráfico Son Problemas Inocultables En América Latina” - Presidencia De La República. Presidencia Uruguay. Extraido de: www.presidencia.gub.uy/comunicacion/comunicacionnoticias/mujica-audicion-radio-uruguay-tabaco-narcotrafico-america-latina-violencia
2019. “El 76% de muertes por sobredosis a nivel mundial son por abuso de opiáceos” Animal Politico. Extraído de: https://www.animalpolitico.com/2019/10/muertes-consumo-opiaceos-mexico/
2018. El 75 % de asesinatos en México están vinculados al narcotráfico, según ONG. Efe. Extraído de: https://www.efe.com/efe/usa/mexico/el-75-de-asesinatos-en-mexico-estan-vinculados-al-narcotrafico-segun-ong/50000100-3501536
2011. Niños Traumatizados, La Otra Cara Del Narcotráfico. Infobae. Extraido de: www.infobae.com/2011/11/29/1039003-ninos-traumatizados-la-otra-cara-del-narcotrafico/
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